martes, 29 de enero de 2013

Between sugar and love 1

CAPÍTULO 1



-         - ¡¡Liaa!! No insistas más. Se lo comentaré a mi madre y mañana te digo algo, no te preocupes, ya veremos que hacemos.- Llevaba una hora hablando por teléfono con Carol, mi mejor amiga, sobre el tema de encontrarme un trabajo.
-       -  Pero Carol, yo no sirvo ni para hacer un huevo frito, ¡como para que ahora me ponga a hacer pasteles! – Me queje yo.
-          - Argh… A veces no hay Dios que te aguante…
-          - Lo sé, pero aún así me quieres.-Dije yo burlona.
-        - Sí, sí, pues claro que te quiero, tonta. Pero no me cambies de tema, que eres muy buena haciendo eso. –Me dijo Carol con reproche.
-         -  Vale, de acuerdo. Lo que tú digas…
-         - Vamos, Lia, para que le diga a mi madre que le pregunte a mi tío si en su repostería necesitan alguien para un empleo, no significa que te vaya a hacer un contrato vitalicio y esclavista.
-         -  No es eso, Carol. Simplemente que yo, en una repostería, soy completamente INÚTIL –Dije remarcando la última palabra.
-         - ¿Y qué importa eso? Además, si trabajases allí, trabajaríamos juntas y pasaríamos más tiempo para poder  hablar de Marcos…eeh… -Ya me la estaba imaginando con su cara pícara.
-         -  Con lo de Marcos ya lo has estropeado todo Carol… No quiero saber nada más de él.
-         -  Pero, yo creía que…
-         -  Sí, creías que estaba totalmente coladita por él. Pero es eso, lo estaba, ya no.
-          - ¿Y eso?
-      -  Después de que nos liáramos, simplemente, se olvidó de mi. Solo fui de usar y tirar. Pero no me importó demasiado porque al besarnos me pasó algo extraño…- Dije yo recordando el momento.
-         -  ¡¿QUÉ?! Lia, sigue… ¡No lo dejes a medias! –Se quejó ella.
-       -  Bueno, es solo que no sentí nada. Fue como si besara a una pared. Fue algo frío, sin sentimiento y sin esas típicas “mariposas” que dicen que has de tener al besar a alguien.
-      - ¿Quieres mi consejo? Solo fue un capricho. Tanto tuyo, como de él. Los dos sois muy guapos y juntos haríais una perfecta pareja, pero simplemente no estáis hechos el uno para el otro.
-       - Sí, me he dado cuenta. Tanto tiempo coladita por él para que luego no fuese nada…- Estaba un poco decepcionada.
-        - Bueno tranquila. Mañana te digo sobre lo del trabajo en la repostería de mi tío, y seguimos hablando del tema de Marcos, ahora te tengo que dejar, mi madre se esta empezando a enfadar…
-          - Vale, Carol. ¡Nos vemos mañana!- Dije despidiéndome de ella.
-          - Un beso Lia. –Colgó. Solo se oía un “piii” que indicaba que se había cortado la llamada.

Yo también colgué el teléfono. Subí a mi habitación. Allí, me quedé un rato pensando en la cama. Realmente necesitaba un trabajo, desde que mi madre se había separado de su tercer marido y había caído en depresión. Cada día estaba más delgada y pálida. No salía de casa y eso hizo que perdiera su trabajo. Hacía ya casi tres meses que no teníamos un sueldo que entrara a casa. Y si mi madre no se dignaba a hacerlo, yo lo haría por las dos y para ayudarla a ella.

Os debéis estar preguntando, ¿Y mi padre? Cuando yo solo tenía seis años murió en un accidente de tráfico. Se pasó unos cuatro meses en coma, pero nunca llegó a despertarse. Entonces mi madre se pasó siete años de su vida dedicando cada segundo de ellos a mí. Pero pasados estos años conoció a Pablo. Se casaron y vivimos los tres juntos un par de años, pero la relación entre ellos, simplemente, no funcionó y se divorciaron, aunque a veces sí hablo con él. Siempre está apoyándome. No es mi padre pero es el único que tengo y nunca me ha fallado. Luego, pasado un año, Clara, mi madre, conoció a Saúl, el cual al principio era genial, pero luego se convirtió en un borracho, llegaba cada noche a la madrugada, no trabajaba, se aprovechaba del dinero que ganaba mi madre y, finalmente, hasta hace unos meses se separaron. Entonces fue cuando mi madre empezó con su depresión.

Yo, estaba en el último año de instituto, ya tenía dieciocho años, así que ya podía trabajar. Con el empleo que consiguiera, solo esperaba poder tener suficiente para pagar las facturas de cada mes, comprar lo indispensable, y  poder pagarle a mi madre una terapia para que volviera a ser la misma de antes.
Con tanta reflexión, terminé durmiéndome.

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7:00h De la mañana. Mi despertador estaba sonando. Parecía que me iba a taladrar la cabeza. Lo paré de un golpe. Me levanté y fui al baño. Me duché, me vestí y me arreglé los pelos de loca que llevaba. Cuando salí fui a la habitación de mi madre. Estaba prácticamente a oscuras, solo tenía la luz de la mesita encendida. Me acerqué a ella, estaba boca-arriba y tenía los ojos abiertos con unas grandes ojeras debajo de ellos. Me dolía demasiado ver a la mujer que me ha criado, cuidado y protegido, siempre, de aquella manera.

-         - Buenos días, mamá. – Le dije intentando dedicarle una sonrisa, aunque todo lo que me salió fue una especie de mueca.
-         -  Li…a, buenos… No creo… - Dijo con una voz muy fina.
-     - Mamá, me marcho al instituto, intenta comer algo y levantarte de la cama, por favor. Hazlo por mí.- Le supliqué.
-        -  Hmams…

No entendí lo que me dijo, pero estaba segura que no le parecía muy buena idea lo que le había propuesto.

-     - A las tres estaré de vuelta. Hasta luego, te quiero.- Le besé la mejilla- ¡Oh! Y, mamá, deja que entre un poco de luz del día, te sentará bien.
-        -  Sí, Lia… Adiós.

Desde que había entrado en su habitación no me había mirado a la cara ni un solo segundo. Me preocupaba mucho su estado. Al salir de su habitación volví a cerrar la puerta. Bajé las escaleras y fui a la cocina. Me preparé un sándwich de jamón y queso y me lo metí en el bolso.

Fui al garaje, me subí a mi coche, un Peugeot 206 color gris. Me encantaba, lo adoraba, era mi joyita. Entonces me encaminé hacia el instituto.

Eran las ocho menos diez cuando llegué. Tenía el tiempo justo para ir a la taquilla coger los libros e ir a clase de latín. Cuando estaba poniendo la combinación me sobresalté por culpa de Carol.
-         - ¡NA-TA-LIAAAAAAAA! – Carol me llamó desde el otro lado del pasillo. Odiaba que me llamasen por mi nombre entero. Mis padres me pusieron este nombre, porque, básicamente, a mi padre le encantaba; por eso, cuando se murió no dejé que nadie más me volviera a llamar así. No lo soportaba. Pero eso Carol ya lo sabía y, sólo me llamaba así cuando tenía algo bueno que decirme.

La ignoré. Sabía que vendría hasta mí para contarme lo que fuese por lo que me había llamado.

-         -¡Buenas noticias! - ¿Qué os había dicho?- Y, bueno ¿Quieres que te lo cuente o no?- Se estaba apoyando en mi taquilla mientras yo miraba lo que necesitaba coger.

La miré subiendo mis cejas, dándole a entender que hablara.

-       - Mi madre ha llamado a mi tío sobre lo del trabajo, y han estado hablando bastante rato pero al final han decidido que… No, mejor, ¡adivínalo!
-         -  Carol, no estoy para juegos, me lo dices o ¿qué?
-      - Vale, vale, ahí va…- Se esperó unos segundos más para ponerle más “emoción”- Mi tío le ha dicho que necesita a una persona para los fines de semana y las tardes, porque el otro empleado que tenía dimitió porque había encontrado otro trabajo mejor y que…
-        -  Al tema Carol, no te enrolles…
-     - Joo… Bueno, pues eso, que ya tienes trabajo. Y lo mejor de todo esto es que durante las tardes compartiremos juntas turno para trabajar, ¿no es fantástico? – Dijo ella más emocionada aún.- Pero el único inconveniente es que durante los turnos que tengamos juntas también estará mi primo… Es un aguafiestas y no nos dejará ni un minuto tranquilas.
-       -  Genial, muchas gracias por haberme ayudado Carol.- Intenté demostrarle lo verdaderamente agradecida que le estaba.
-       - Lia, lo siento, si te ha molestado que te llamara por tu nombre delante de todo el pasillo, yo… Pensaba que no…
-         -  No es eso. No te preocupes. Es por mi madre, me tiene cada día más preocupada.- Dicho eso y, habiendo cogido todos los libros, cerré la taquilla.

Carol, habiendo dicho lo de mi madre, no dijo nada. Sabe que yo soy muy cerrada a la hora de hablar de mí y expresarle a la gente lo que siento; y si le había dicho esto, era porque realmente mi madre me tenía muy preocupada. El silencio de Carol, no sé cuál fue el motivo, pero me reconfortó. Saber que la tengo a mi lado, para lo que haga falta, me ayuda mucho.

Juntas, nos fuimos a la aula 214 para empezar la clase. Justo cuando nos sentamos a nuestras mesas, una al lado de la otra, sonó el timbre.

Pocos minutos después llegó Carmen, la profesora que nos hace latín y lengua.

-      - Buenos días chicos. A ver para hoy teníais que hacer la traducción de un texto. ¿Quién quiere salir a hacernos la traducción de la primera frase?- Preguntó animada. Carmen es mi profesora preferida, sus clases me encantan y, además, sabe que no me gusta salir delante de todos, y nunca me ha pedido hacerlo, así que se lo agradezco mucho.

Un chico de la segunda fila salió e hizo una parte de la traducción del texto. Luego fueron saliendo más alumnos para terminar de hacer la traducción del texto entero de Virgilio.

La hora se me pasó volando, a diferencia que en clase de filosofía e historia, pero sobreviví hasta la hora del descanso. Me reuní con Carol (sí somos inseparables). Y empezamos a charlar mientras cada una se comía su almuerzo.

-        - Lia, ¿Te vendría bien si hoy vinieras a la tienda para hablar con mi tío? Creo que le gustarás más si muestras interés por el trabajo, aunque no sepas hacer nada de repostería.
-          - Ignoraré lo último que has dicho. Y sí,  a lo que me has preguntado, supongo. Pero ¿A qué hora debería ir?
-         -  Saliendo de clase podríamos comer e ir allí juntas, ¿Te parece? –Pregunto entusiasmada.
-         - Bueno, no estoy segura. Le he dicho a mi madre que llegaría a casa a las tres, y no quiero que se preocupe.
-         - Llámala. –Dijo. ¡Cómo si fuera tan simple!
-         - No creo que me conteste. Probaré a enviarle un mensaje.

Cogí el móvil y escribí un mensaje: << Mamá, soy Lia. Te he dicho que llegaría a las tres, pero creo que no podré. Me iré con Carol un rato, así que llegaré mas tarde. No te preocupes. Te quiero. Lia xoxo >>

Esperé con pocas esperanzas de que contestara pero, cuando sonó el timbre que indicaba que volviéramos a clase, recibí su respuesta: << O.K >> Era una respuesta muy poco cariñosa y, demasiado simple, pero por lo menos, no se preocuparía.

Las tres horas siguientes se me pasaron demasiado rápido como para darme cuenta que tendría que ir a conocer el tío de Carol para hablar sobre mi trabajo. No estaba segura de que le causara muy buena impresión, pero se tenía que intentar.

-          - ¿Vamos a comer?- Le pregunté a Carol cuando la vi.
-          - Claro. ¿Al Frankfurt de la esquina?
-          - Sí.- Los frankfurts que hacían en ese bar eran… ¿Cómo decirlo? Los más deliciosos que podrías encontrar en ningún sitio.

Estuvimos una hora hablando y comiendo entre risas y tonterías de mi amiga. Cuando nos dimos cuenta, ya eran las tres y media.

-      - ¡Mierda! Lia, hacemos tarde, había quedado con mi tío ahora, y para llegar tenemos por lo menos media hora de camino… Me va a matar.
-        -  No te pongas así. Vamos, si perdemos más tiempo hablando llegaremos aún más tarde.

Nos dirigimos a mi coche. Conducía lo más rápido posible, respetando los señales de tránsito. Llegamos a las cuatro menos diez, aproximadamente. Aparcamos en una zona de pago, para no perder más tiempo. Fuimos corriendo a toda prisa hasta la tienda. Cuando estuvimos delante paramos un segundo para tomarnos un respiro y me fijé en el cartel: “La Repostería Dulciora”. Me hizo gracia el nombre. “Dulciora” era latín y significaba “La más dulce”. Original, muy original.

-          - ¿A qué esperas? ¡Venga! –Carol me sacó de mis pensamientos.

Entramos, había una mujer mayor que estaba pagando un pastel que llevaba en una caja, de plástico y cartón, de forma cuadrada. Me fijé en el chico que estaba de dependiente. Ojos verdosos. Pelo castaño, medio rubio. Labios carnosos. Y cuerpo… Bueno, se podía decir que tenía músculos. Debía ser uno de esos cabeza-hueca que van tres horas diarias al gimnasio.

-          -¿Estas son horas?- Dijo el chico. ¿Qué debía tener? ¿Diecinueve? ¿Veinte años? No lo sé.
-          -Lo siento Ángel, se me ha echado el tiempo encima.
-          -Por el asunto de tu amiga, mi padre ya se ha ido. Habéis llegado tarde y, si esta es la primera impresión que quería dar, la ha pifiado. –Dijo secamente.- Adiós y que le vaya bien la fiesta de su nieto.- Dijo entonces hablando con una sonrisa con la mujer mayor que había.
-       -Ángel, ha sido culpa mía. No le había dicho la hora que habíamos quedado y yo… Bueno se me ha olvidado completamente la hora.- Carol estaba suplicándole con la mirada que le perdonase.- He perdido la noción del tiempo. ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡LO SIENTO!- Unió las manos delante de su cara, en señal de disculpas.
-         - Hhmm… ¡Cómo sea!- Dijo resignado ¿Ángel? Creo que Carol lo había nombrado así.
-          -¡Graciaaas primitooo! Te quiero- Contestó ella yendo a la parte de detrás del mostrador y abrazándolo.
-         - Vale, vale, ¡Vale! Carol, ya está.- Estaba intentando despegarse de ella.
-        - Claro, lo siento.- Se disculpó- Por cierto, que  aún no os he presentado, Ángel, ella es Lia la chica de la que os he hablado.- Dijo señalándome- Lia, mi primo.

Por primera vez desde que he hemos entrado en la tienda, dirigió su mirada hacia mí. Entonces, pude observar que sus ojos aún eran más verdes de lo que me habían parecido en un primer instante. Me estaba mirando fijamente, así que le sostuve la mirada, un crío como ese no me iba a intimidar.

-         -  Muy bien. Para recompensar el retraso, hoy, tú- Me señaló con su dedo índice.- también trabajaras.
-         - Pero…- Intenté empezar a hablar.
-         - Nada de peros. Las dos quiero que os vayáis a cambiar y en cinco minutos estéis aquí para trabajar.- Dijo ordenándonos a Carol y a mí.
-          - Ángel, Lia no puede quedarse a trabajar hoy. Tiene asuntos personales que resolver- Me ayudó Carol. Yo necesitaba llegar temprano a casa para cuidar a mi madre.
-      -Sus asuntos personales no me incumben. Lo que sí me incumbe es esta tienda, así que, si de verdad te interesa el trabajo- Se volvió otra vez hacia mí- harás lo que te diga.



   FIN del primer capitulo.
  ¡¡si queréis que siga la novela decidmelo y comentad!!


2 comentarios:

  1. Muchas gracias cielo!! ^_^ Esta semana subiré capitulo, dime tu twitter o comentame en el mio que es @Dreamsofnorah y así te avisaré cuando suba :)

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